¡Hola a todos! Quería abrir un poco el telón y compartir la teoría psicológica que inspiró esta serie de libros.
En esencia, Poppy y Mamá Gallina es una versión suave de la teoría del apego, específicamente el marco que Margaret Mahler planteó en 1960. Su modelo traza el recorrido de un niño a través de cuatro fases: simbiosis, práctica y reabastecimiento, acercamiento (rapprochement) y los primeros indicios de autonomía.
El apego saludable no ocurre de la noche a la mañana. Se desarrolla a lo largo de aproximadamente los primeros tres años de vida, mientras el bebé aprende poco a poco que su cuidador es alguien en quien puede confiar y con quien puede sentirse seguro. Esta base importa enormemente: un bebé que forma un vínculo seguro con un cuidador principal desde temprano tiende a llevar esa seguridad consigo, construyendo relaciones fuertes y saludables por el resto de su vida. En este libro, Mamá Gallina (la mamá de Poppy) es la cuidadora principal, pero otras personas cariñosas también pueden ser el cuidador principal de un bebé. Es la persona que aparece una y otra vez para el bebé. La que brinda amor, cuidado y seguridad a su pequeño o pequeña.
Libro Uno: Conociendo a Mamá Gallina y a Poppy
El primer libro mantiene las cosas simples. Es realmente solo una introducción: Mamá Gallina y la bebé Poppy, cobrando vida a través de las ilustraciones brillantes y hermosas de Clara Bennett. Está pensado para los lectores más pequeños, de 0 a 1 año, y sus cuidadores. La historia va construyendo silenciosamente la expectativa por la llegada de Poppy, usando el arte de Clara para captar la curiosidad incluso de la audiencia más pequeña (aunque muchos adultos también lo disfrutan).
Libro Dos: La teoría del apego en plumas
Aquí es donde las cosas se ponen interesantes. Está pensado para lectores jóvenes, de 2 a 3 años, y sus cuidadores. El Libro Dos recorre cada etapa del apego, paso a paso.
La simbiosis viene primero. Este es el período —de unos seis meses de duración— en el que el bebé y el cuidador son profundamente interdependientes. Toda la visión del mundo del bebé se resume en: “Estoy bien si mi madre está bien”, porque es ella quien lo alimenta, lo consuela y lo protege. Y la madre, formando un vínculo igual de fuerte, siente algo similar en sentido inverso: “Estoy bien si mi bebé está bien”, porque ama tanto a esa pequeña criatura que no podría imaginar la vida sin su bebé. En el libro, esto se refleja cuando Mamá Gallina alimenta a Poppy, la cuida y construye su nido, un cuidado tan minucioso que le gana a Mamá Gallina un listón azul.
La diferenciación: esta es la etapa —de aproximadamente cinco a nueve meses— en la que el bebé sale
del cascarón simbiótico y se vuelve cada vez más consciente del mundo exterior, revisando
constantemente con el cuidador en busca de tranquilidad y seguridad.
La práctica y el reabastecimiento vienen después, abarcando aproximadamente de los nueve a los quince meses. Ahora el bebé está listo para explorar: gatear, moverse, estirarse para mirar, oír, oler, saborear y tocar el mundo a su alcance. Pero explorar cansa, tanto emocional como físicamente, así que el bebé sigue regresando al cuidador en busca de tranquilidad. Aquí es donde la presencia del cuidador realmente cuenta: estar presente, una y otra vez, para recordarle al bebé que es maravilloso, que es especial. La voz interior del bebé cambia a: “Estoy bien si mi mamá piensa que estoy bien”. Poppy vive esto explorando el gallinero, sintiéndose un poco abrumada y corriendo de vuelta con Mamá Gallina para un abrazo, mientras Mamá Gallina deja claro que Poppy es su número uno.
El acercamiento (rapprochement) viene después, aproximadamente entre los quince y los veinticuatro meses. El bebé sigue siendo curioso, sigue explorando, sigue probando nuevos comportamientos, pero ahora también aparece la frustración, porque hay una brecha creciente entre lo que el bebé quiere hacer y lo que realmente es capaz de hacer. Poppy refleja esto enfrentando nuevos desafíos: buscar una lombriz, columpiarse en la percha, intentar construir su propio nido. En medio de todo ese ensayo y error, el bebé empieza a pensar: “Estoy bien por todo lo que puedo hacer”.
La constancia del objeto, o como diría Mahler, la consolidación de la individuación, viene después, entre los veinticuatro y los treinta y seis meses. Este es el punto en el que un niño comienza a internalizar la creencia de sus padres en él como su propia creencia en sí mismo. Y el niño pequeño comprende que la madre es una persona separada y permanente que sigue existiendo aunque no esté a la vista. En el libro, este es el momento en que Mamá Gallina coloca un listón de primer lugar alrededor del cuello de Poppy. La ilustración final muestra a Poppy erguida, confiada, segura de sí misma, por sí misma. Su voz interior ha cambiado una vez más: “Estoy bien porque estoy bien”.
Libro Tres: El apego continúa con la llegada de un nuevo cuidador especial
Ahora que el bebé ha tenido la oportunidad de formar un vínculo con un cuidador principal, el niño es capaz y está dispuesto a formar un vínculo con otro cuidador. El mismo proceso se repite con este cuidador, es decir: diferenciación, práctica, reabastecimiento, acercamiento e individuación. Esta fase del apego suele avanzar más rápido y con mayor fluidez si el bebé ya ha atravesado esos pasos con un cuidador principal. En el Libro Tres, Poppy y Rudy Rooster comparten momentos especiales juntos. Y al final, es Rudy quien coloca un listón de primer lugar alrededor del cuello de Poppy.
Espero que esto les brinde un poco más de perspectiva sobre los personajes y la serie de libros, y quizás un poco más de empatía por esos momentos pequeños y silenciosos que moldean la forma en que todos aprendemos a sentirnos seguros en el mundo.

